No sé bien en qué creía mi mamá. De niño evitaba decírmelo para no obligarme a seguir sus pasos, para dejarme escoger por mi cuenta. Sé que nunca iba a iglesia y que pensar en cementerios la llenaba de tristeza.
Lo sé porque nos dijo que quería que la cremáramos y así lo hicimos luego de una misa…
Oigo el rumor de los cipreses en las noches de luna
y pienso en las mil y una lunas adorables
que todos hemos tenido alguna vez en nuestras vidas,
distingo las voces quedas de la melancolía
y los murmullos con que la nostalgia me frecuenta.
Voces palpables, voces inefables, voces…
Melancolía Anticipada
con esta cara de incendio
de incendiado
de incendiario
ya no tengo dudas, soy yo
fino rostro embalsamado
mitad melancolía anticipada
mitad melancolía misma
que desde adentro
(desde el fondo del fondo), ya arde
¿hasta cuándo
seremos almas?
¿qué risco besa la luz
que nos constituye?
Daniel García
“Si algún día llegas a leer esto,
debe ser que he aprendido a volar en el tiempo”
Hoy le dejé una carta en el correo. En los últimos meses le escribí muchas cartas, no se imagina cuántas, pero hasta hoy me animo a enviarle una. No creo que esa carta tenga algo de especial como para que merezca que usted la lea, es igual a todas las cartas ridículas que le he escrito, pero a veces es duro soportar tanto silencio, más aún, cuando usted está en él.
Después de salir del correo, me sentí extraño, quería olvidarme, ignorar, estar ausente de todo lo que pasaba a mí alrededor, escaparme de esa sensación que me sobrecogía y no podía entender ni describir. Intenté escuchar alguna canción, pero últimamente la música pone mis nervios tan excitables, que preferí echarme a andar sin ningún rumbo.
Nunca me han interesado mucho los sonidos de la calle, siempre que camino estoy pendiente de mis pensamientos, pero mientras avanzaba penetraban en mis oídos con violencia todos los sonidos que se producían en el ambiente, unos intentando sobreponerse a los otros para ser escuchados. Seguí andando un rato, soportando en silencio todo ese ruido. Hice un esfuerzo por llegar a discriminar y descomponer el bullicio pero fue inútil.
Por la noche al llegar a casa, seguí ensimismado en mi intento por captar los sonidos que producía la vida, y todo se fue simplificando al llegar a mi cuarto. Allí los sonidos suelen ser repetitivos. El televisor, la radio, la alarma de algún carro, los aviones que pasan, el viento y el teclear constante de estas cartas.
La vida, desde el día en que le escribí la primera carta hasta ésta, ha venido construyendo ese sonido. Silencios y un teclear continúo que intenta trazar caminos para hacerle saber de mí, que intenta nombrarla para no tener que llamarla, que se deshacen cada vez que me llega su rumor. Sonidos que no logran articularse para crear algo más de lo que son.
No le volveré a enviar ninguna carta. Esperaré a que el silencio lo deforme todo hasta que en cada línea no haya rastro ni de usted, ni de mi. Hasta que cualquier persona que lea estas cartas pueda sentirse nombrado en ellas.
Le quiero.
04/12/2012
Dibujo de mayo - Camila Lopez
Porque nos volvemos ciegos
en el día que nace con nosotros,
y porque hemos visto a nuestro aliento
nublar
el espejo del aire,
el ojo del aire no se abrirá
sino en la palabra
hecha renuncia: el invierno
habrá sido un lugar
de madurez.
Nosotros, convertidos en los muertos
de otra vida que la nuestra.
Paul Auster.
NO SÉ QUÉ HACER (Donde no puede dejar de pensar en alguien)
No debería pasarme qué / a estas altura termine siempre tan nervioso / y ni me pueda reponer / porque mirarte es como ir hacia al abismo / de cabeza con una sonrisa sin poderme detener / no sé qué hacer contigo / no sé qué hacer contigo / quiero dejar de soñar / quiero dejarte atrás / No debería importarme qué / con todo y eso que termine en el mismo lugar / pero me importa mucho todo el tiempo / porque mirarte es recoger las cenizas / de lo que nunca se ha ido / de lo que permanece / no sé qué hacer contigo / no sé qué hacer contigo / quiero dejar de soñar / quiero dejarte atrás / para dejar de pedirte cosas que no vas a dar / No debería pasar / pero pasa / no debería doler igual o más / no debería sentirme en casa / sabiendo que con la primera luz de la mañana te vas/.
…Ciudades son lo mismo que perderse en la calle
de siempre, en esa parte del mundo, nunca en otra…
Enrique Lihn.
Ya no quedan más pájaros. Por fin te los traje todos. Este es el último. Me gusta verte así, contenta, abandonada escribiendo con sus plumas cada secreto que te cuentan. Ahora ya no sé qué haré para acercarte mi sombra. Ya no hay pretextos en los árboles para llegar a tu casa y ser parte de tu pensamiento. Tal vez hubiera sido mejor no llevarte tantos pájaros. No hay nada qué pueda hacer ahora, mi tristeza se empieza hacer visible, sobre todo en estas palabras que escribo.
Tal vez sea mejor irme. No tan lejos porque aun no estoy lo suficientemente seguro. No tengo sobre mi espalda los motivos suficientes para hacerlo, pero espero, que pronto los tenga. A veces salgo a buscarlos. Empezaré por habitar los árboles que deje desnudos, los deshojaré para terminar con ellos. Tal vez te lleve cada palabra que escriba en el proceso. Haré un esfuerzo por evitarme ese paso.
Busco finales para despedirme. Aun no encuentro uno que me guste. Estoy por aceptar que lo más fácil es quedarme. Lo es. Pero no me voy a quedar, a lo mejor, me voy sin despedirme y nos evitamos un mal recuerdo.
Volveré a mi tristeza por completo: compraré un gato y lo dejaré en tu cuarto cuando no estés.
Siempre he creído que las sensaciones son más importantes que nuestros nombres. No obstante, en algún momento, existe ese nombre que te lastima, hiere, y te deja sin respiración. Lo ves en un texto, lo escuchas o sencillamente lo recuerdas y sabes que te mata . Un nombre, capaz de encerrar todo el terror inimaginable. Un nombre que no te compadece, que te recuerda que eres dolorosamente finito, un nombre, que ayer fue gloria, hoy es dolor y mañana será olvido.
La niña ha decidido enterrarme, ha cavado un buen hoyo con sus propias manitas.
Yo soy el niño de Escocia y le pertenezco. He tratado de sollozar lo menos posible así que me he puesto la cabeza del hombre-caballo y lloro en silencio ahí adentro, solo.
La certeza de la muerte devuelve humanidad;…
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